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Queen

Dios salve a la reina

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A seis años de su disolución por la muerte de su líder, la música de la banda inglesa sigue sonando en todas partes del mundo tan espléndida como siempre. 

En abril pasado, en el Luna Park de Buenos Aires, la música de Queen se hizo presente en la obra que presentó el coreógrafo francés Maurice Béjart, como un homenaje al líder de la banda inglesa, Freddie Mercury, y al bailarín Jorge Donn, ambos víctimas del sida. La vigencia del grupo ya había quedado fuera de discusión en 1991, el día que Mercury murió: en esa oportunidad su tema "Rapsodia bohemia" alcanzó el número uno en los rankings ingleses por segunda vez, tras dieciséis años de su edición original. 

Bautismo real


La historia de Queen se remonta a 1968 con Smile (Sonrisa), conjunto formado por dos estudiantes de astronomía -Brian May en guitarra, Tim Staffel en voz y bajo- y uno de biología llamado Roger Taylor en batería. Nada fue sencillo en los comienzos. Al año siguiente, muy lejos de la fama todavía, Brian trabajó como maestro de Matemática y Roger se las rebuscó vendiendo ropa usada. Como no podía comprar la Fender Stratocaster de sus sueños, May construyó, con la ayuda de su padre, una guitarra casera que le costó apenas ocho libras y aún hoy es su viola favorita. No es chiste: con ese instrumento, de cuello de caoba (procedente de una chimenea del siglo dieciocho), cuerpo de roble y partes de una vieja motocicleta, tocó todos los hits de Queen.

Pronto hubo cambios en Smile. Staffel se fue a otra banda y un amigo de Taylor, Freddie Mercury, se incorporó como cantante y pianista. Por entonces Freddie ya se caracterizaba por una arrolladora presencia escénica y su pinta llamativa: usaba el pelo largo hasta los hombros, se pintaba las uñas de negro, vestía calzas ajustadas y se adornaba con bijouterie de plata. 

Su verdadero apellido era Bulsara. Hijo de un diplomático británico o de un tesorero de la Suprema Corte de Zanzíbar -sus biógrafos todavía no se han puesto de acuerdo-, había nacido en esa isla y pasado gran parte de su infancia como alumno pupilo de un exclusivo colegio de Bombay, en la India. Una revolución en Zanzíbar hizo que los Bulsara emigraran a Londres en 1964. Allí Freddie se inscribió en el Ealing College of Art, de donde egresó con una licenciatura en arte y diseño. 

El último miembro en entrar a la banda, a mediados de 1971, fue el bajista y estudiante de electrónica John Deacon. Cuando barajaron un cambio de nombre para el grupo, prevaleció el propuesto por Mercury: Queen (Reina). "Lo elegí porque sonaba espléndido -diría más adelante-. Era extraño, inmediato, muy universal y estaba abierto a toda clase de interpretaciones." 

Dos años después grabaron su primer álbum, definido por la crítica como "un balde de pis". La misma suerte corrió el simple Keep Yourself Alive (Mantente vivo); ninguna radio quería pasarlo. Eran los tiempos en que la prensa musical atacaba la imagen ambigua del grupo y lo extravagante de su vestuario. "Me gusta ridiculizarme y uso estas ropas en broma", explicaba Freddie. Podía pasarse una hora frente al espejo eligiendo qué se iba a poner. "Era una persona muy tímida debajo del escenario, pero muy extravertido sobre él. Todos tolerábamos su vanidad. No hubiera sido Freddie sin ella", lo definió su íntima amiga Helen McConnell.

Una noche en la ópera

Sheer Heart Attack (Certero ataque al corazón), su tercer elepé, marcó un vuelco en la fortuna de Queen. Brian dejó la enseñanza de la Matemática, John se pudo casar y comprar una casa, Freddie se regaló con un nuevo piano y Roger con un pequeño auto. Aunque la prensa musical los eligió como la mejor banda del año, ponía en duda la originalidad de sus composiciones y los acusó de imitar a otros rockeros, desde Led Zeppelin hasta Alice Cooper. Sin embargo, el conjunto ya había elaborado su propio estilo con el sonido sinfónico de las guitarras de May y las inspiradas melodías del piano de Mercury, complementados por la poderosa sección rítmica de Deacon y Taylor. Encima de todo brillaba la voz de Freddie, uno de los mejores cantantes de la historia del rock. 

"Todo estaba bien -recuerda May-, pero necesitábamos componer algo especial como lo fue Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Nueva 307) para los Beatles." Así, en 1975, nació "Rapsodia bohemia", tema que amalgamaba pop, rock y ópera: estuvo nueve semanas consecutivas en el primer puesto del ranking británico pese a sus seis minutos de duración y fue elegido el mejor single del pop inglés de los últimos veinticinco años. La canción también formó parte de A Night At The Opera (Una noche en la ópera, título tomado de una película de los hermanos Marx), considerado uno de los mejores elepés de la banda. 

En plena etapa triunfal, por un problema de nódulos en las cuerdas vocales de Freddie, Queen debió cancelar una serie de conciertos en los Estados Unidos. Ya con Mercury recuperado, la banda viajó a Tokio, donde más de tres mil adolescentes histéricos los recibieron en el aeropuerto. En 1976 presentaron su quinto álbum, A Day At The Races (Un día en las carreras, otro título de los hermanos Marx), ante ciento cincuenta mil personas en el principal parque de Londres, y su simple Somebody To Love (Alguien para amar) se ubicó segundo en el chart inglés apenas ganó la calle. 

En los años siguientes su estatus de superestrellas se consolidó con We Will Rock You (Nosotros te conmoveremos) y We Are The Champions (Somos los campeones), canciones de News of the World (Noticias del mundo), el primer elepé que pegó fuerte en el mercado norteamericano. 

La gráfica del álbum Jazz dio mucho que hablar porque traía un poster con sesenta y cinco chicas desnudas con bicicletas que aludía a la canción Bycicle Race (Carrera de bicicletas), su simple más vendido. La presentación oficial del disco no fue menos escandalosa. Se hizo durante la medianoche de Halloween (Noche de Brujas), en Nueva Orleans, en una fiesta para cuatrocientos invitados cuyo entretenimiento quedó a cargo de mujeres desnudas, enanos, tragadores de fuego, forzudos y ciclistas de una sola rueda, que bailaban al ritmo de bandas de jazz. La prensa amarilla británica comenzó a ensañarse con la imagen bisexual de Freddie Mercury y su "salvaje" estilo de vida. "Si todo lo que leyera sobre mí fuera cierto debería haber en el mundo otro como yo", retrucaba el cantante que en esa época se dejó crecer el bigote.

Cambio de imagen

A fines de los setenta Queen siguió en la cresta de la ola con Crazy Little Thing Called Love (Cosita loca llamada amor) y Another One Bites The Dust (Otro muerde el polvo). Este último tema, compuesto por John Deacon, era bastante flojo y ni siquiera le gustó a su autor ("Lo único que tiene de orginal -confesó- es el riff del bajo"). 

Por entonces el grupo adoptó un look recio (camperas y pantalones de cuero, pelo corto) acorde con un sonido mucho más rockero y bailable. "Me gusta que la gente que nos viene a ver pase un buen rato -declaró Mercury para explicar el cambio-. No creo que cambiemos al mundo con nuestra música. Nuestras canciones son puro escapismo, como ir a ver una buena película. Pero después de eso cada uno tiene que volver a sus problemas." 

En 1980 Queen hizo la banda de sonido para el filme Flash Gordon -costumbre que repetirían con Águila de Acero y Highlander-. Para el final de ese año llevaban vendidos cuarenta y cinco millones de álbumes y veinticinco millones de simples.

En febrero de 1981 Queen realizó una gira que incluyó actuaciones en la Argentina y Brasil. Los conciertos sudamericanos fueron presenciados por más de medio millón de personas -al del estadio Morumbí de San Pablo asistieron 251.000- y tuvieron una audiencia televisiva de treinta y cinco millones de espectadores. La euforia que despertó la presentación de Queen en nuestro país sirvió para que muchos distraídos descubrieran qué grado de convocatoria generaba el rock por estos pagos. Todavía está fresca en la memoria de muchos la imagen de una multitud de jóvenes cantando, junto con Freddie Mercury, los delicados versos de Love Of My Life (Amor de mi vida).

Ese año el cantante celebró su trigésimo quinto cumpleaños a lo grande. Les pagó un viaje en avión a sus amigos ingleses y los hospedó en un lujoso hotel neoyorquino. Los festejos duraron durante una semana y la cuenta de champán, solamente, trepó a los ochenta mil dólares. Freddie ni siquiera mosqueó: "El dinero está nada más que para gastarlo".

Una institución mundial

El éxito continuó con el simple Under Pressure (Bajo presión), pero el álbum Hot Space (Espacio caliente) no resultó convincente. El siguiente, The Works (Los trabajos), apareció en 1984 y el rudimentario Radio Ga-ga fue su simple de difusión más conocido. A esa altura, al igual que Elton John (Nueva 211), Freddie Mercury había admitido públicamente su atracción por ambos sexos. "Puedo enamorarme de un hombre de la misma manera que puedo enamorarme de una mujer -reveló-. Vivo para el sexo y he sido extremadamente promiscuo porque el exceso es parte de mi naturaleza." Sin embargo reconoció que el sida y la muerte de un amigo íntimo, debida a ese mal, lo habían hecho "recluirse como una monja". 

Queen volvió a demostrar su poderío escénico en los megarecitales de Rock In Rio y Live Aid (concierto organizado en beneficio de Etiopía). En 1986 su long-play A Kind Of Magic (Una especie de magia) se encaramó en la cima del ranking inglés durante treinta semanas, por lo cual una periodista británica definió a Queen como una "institución nacional" aunque, con toda justicia, podría haber dicho que el grupo era una "institución mundial".

Tres años después, conjuntamente con la aparición de The Miracle (El Milagro), Mercury anunció por carta a la convención de fans de Queen -hoy suman quince mil- que no saldría más de gira ni haría más videos aduciendo que un hombre de cuarenta y dos años ya no estaba para esos trotes. Enseguida el periódico sensacionalista The Sun comenzó a difundir rumores sobre el estado de salud de Freddie y por último aseguró "que estaba seriamente enfermo y virtualmente recluido" en su mansión londinense. Sus compañeros desmintieron los trascendidos, pero la suerte ya estaba echada. El cantante murió el 24 de noviembre de 1991. Un día antes él mismo se despidió del mundo en una conferencia de prensa en la que aclaró que, a partir de ese momento, todas las regalías de "Rapsodia bohemia" se iban a destinar a la lucha contra el sida. 

Desde entonces, cada 24 de noviembre fans de todas las edades y nacionalidades se reúnen en la puerta del número 1 de Logan Place, Londres, la casa en la que Mercury vivió, para dejar una flor, escribir un grafiti o rezar una plegaria. 

Sin embargo, a Freddie nunca le interesó la posteridad. "Sé que mis huesos no llegarán a viejos -afirmó en cierta ocasión- y no me importa en lo más mínimo cómo me recordará la gente después de muerto.

Texto: Jorge Carlos Fritzsche


Imprimir | la reproducción de las notas solo se hace a modo ilustrativo. Los derechos de la mismas pertenecen a la revista Nueva | Publicado el domingo 22 - 06  - 1997